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Sonríe: las ventajas del optimismo (realista)

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«Sonríe» es una recomendación habitual. Muchas veces nos han dicho que pongamos buena cara al mal tiempo. Hoy me gustaría reflexionar sobre la utilidad y conveniencia de mirar las cosas por el lado positivo.

Si tengo que resumirlo en una frase, diría que las ventajas son todas. Considero muy importante afrontar las situaciones con cierto optimismo independientemente del resultado. Es más saludable. Por supuesto, hay que entender que para que ciertas cosas sucedan hace falta mucho más que eso: trabajo, dedicación y compromiso. Pero teniendo en cuenta que la vida tiene altibajos, baches y situaciones dolorosas de forma intrínseca e inevitable, es fundamental saborear los momentos que nos regale y vivirlos con alegría y positividad. Todo lo que puedas disfrutar y hacer disfrutar a los demás es bueno porque generas una energía positiva y puedes hacer que otros también se sientan mejor. Tienes la oportunidad de crear una cadena que beneficie a otros simplemente con tu actitud.

Por el contrario, el pesimismo puede minar el rendimiento de equipos de cualquier tipo. En el deporte, tender hacia lo negativo, pensar en el peor de los casos o tener miedos y dudas te lleva a la derrota. Para tener más opciones de victoria hay que visualizarla, y también tener convicción y confianza. Claro que una derrota puede suceder, pero debes asegurarte de que no sea porque tú no hayas tenido una actitud correcta y la preparación necesaria para afrontar el partido. Que sea solo porque el rival ha jugado mejor ese día o sea superior a ti. Si esto es así, volverás a la cancha con ganas de entrenar y mejorar y estarás mejor preparado para el siguiente reto. Una derrota puede ser muy diferente según cuáles sean sus motivos.

Dicho esto, quisiera comentar cuatro matices a tener en cuenta para que el optimismo realmente nos ayude.

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1. Optimismo realista vs optimismo utópico

Lo primero que me gustaría especificar es que estoy hablando de un optimismo realista, que en mi caso es el que me ha aportado unos grandes resultados. Cosa distinta sería caer en un optimismo utópico o irreal. Por supuesto que no se puede estar alegre siempre, ni creo que sea bueno aparentar felicidad continua. Pero yo soy de los que opinan que una sonrisa siempre es buena. Incluso hay terapias en las que se habla de forzar un poco la risa cuando estás atravesando una mala etapa. A las personas en general nos gusta estar rodeadas de gente alegre, que nos anime y nos suba el ánimo, no que nos depriman.

2. No negar el dolor

La segunda anotación que quería hacer es que por supuesto que van a surgir momentos de dolor y frustración, pero debemos tener perspectiva de lo que es realmente importante. Tengo un amigo que, cuando le preguntas cómo está, siempre responde «nunca he estado mejor en mi vida. Tengo salud, mi familia tiene salud: todo lo demás es secundario».

Los pensamientos negativos no hay que obviarlos o negarlos: hay que experimentarlos pero sin aferrarse a ellos. Es importante entender qué nos hace sentir mal. Pero no debemos dejar que esos sentimientos controlen nuestra vida. El dolor, la tristeza, la frustración o la rabia son completamente naturales y humanos. Debemos lidiar con ellos, expresarlos, compartirlos, observarlos y seguir adelante procurando que no nos condicionen más de lo necesario.

3. Optimismo sí, arrogancia no

La tercera es que ser optimista, ambicioso y positivo es diferente de tener un exceso de confianza o una falta de respeto al contrincante o a cualquier persona con la que entremos en contacto. Eso no es optimismo, es arrogancia. El entrenador de la NBA Popovich decía que hay que tener siempre una cantidad suficiente de miedo y respeto al rival para nunca subestimarlo. En el deporte, cuando uno se cree superior al rival o cuando cree que un partido va a ser fácil, se relaja. Por lo tanto, siempre tienes que hacer el ejercicio mental de plantear cada partido como una cita difícil y llegar a él con una actitud de respeto y concentración. No significa que no seas optimista, sino que eres consciente de que eso no basta para conseguir tus objetivos: tienes que esforzarte y poner de tu parte. Esto es trasladable al terreno profesional: afrontemos cada reto sin dar nada por hecho, con la misma seriedad y dedicación, con unas ganas enormes de seguir aprendiendo y creciendo. Un exceso de confianza o creer que eres el mejor es un problema y tiene efectos negativos para uno mismo y para el colectivo del que forma parte.

4. Lo que depende de ti y lo que no

Esa mentalidad de apreciar cada momento, de estar presente, de «ir a por todas», se refiere a, como decía mi amigo Pau Donés (que en paz descanse), vivir la vida con urgencia y sin miedo. 

A la hora de conseguir una meta que nos hayamos marcado, ya sea en el ámbito profesional o personal, es importante entender lo que tienes que hacer para tener la máxima probabilidad de conseguirlo. Si sabes que has hecho todo lo que estaba en tu mano, lo que dependía de ti, te será más fácil vivir con el resultado, sea el que sea. Si has cometido algún error en el proceso y eso ha afectado al resultado, es una ocasión de analizar lo que ha sucedido y aprender de ello. Que la próxima vez que te equivoques sea de otra manera, pero no de la misma.

Una herramienta que recomiendo para no tener miedo al fracaso es la de pensar qué es lo peor que puede pasar. Normalmente, al plantearte esta pregunta rebajas algo la presión.

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Yo me declaro un optimista realista en cuanto a cómo elijo vivir mi vida. Mi situación es muy privilegiada, eso lo tengo muy claro. Entonces, cuando he tenido que afrontar periodos de incertidumbre como estos últimos dos años sin jugar, he aprovechado ese tiempo para centrarme en otras cosas como, por ejemplo, poner en marcha otras iniciativas, cultivar relaciones personales y profesionales y estar más cerca de mi familia. Siempre procuro centrarme en lo positivo y en las oportunidades que surgen, en vez de pensar en lo que no está sucediendo o en aquello que en este momento no tengo. Para llegar a buen puerto, es importante que el optimismo esté aderezado con trabajo, determinación, foco y confianza en ti mismo. Todos ellos son factores necesarios para conseguir los objetivos que nos propongamos, sobre todo los de más dificultad. 

Mi consejo es que busquemos motivos para levantarnos cada día con energía, gratitud e ilusión, independientemente del tiempo, de lo ocurrido el día anterior o de si nos duele algo más o menos. Empezar diciéndonos: «Hoy voy a tener un gran día y voy a disfrutarlo todo lo que pueda». Sin darnos cuenta, estaremos contagiando a otros a hacer lo mismo. Así es como yo entiendo la vida.

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