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Por qué tantas mujeres brillantes abandonan las empresas

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Muchas mujeres que ocupan altos cargos abandonan las empresas antes de poder alcanzar la cima. ¿Por qué estas mujeres que encarnan el éxito profesional tiran la toalla después de haber trabajado duro para llegar tan lejos? A veces, su decisión se basa en la llegada de un hijo, el agotamiento profesional o, simplemente, el deseo de cambiar de rumbo.

Estados Unidos se interroga desde hace tiempo acerca de las razones que llevan a estas mujeres de éxito a abandonar las empresas. Aunque este fenómeno que los estadounidenses llaman opting out (que podría traducirse como “optar por marcharse”) no se limita a un solo país. Algunas de ellas deciden dedicarse a cuidar de sus familias a tiempo completo y centran toda su ambición personal en la educación de sus hijos.

Céline Alix, antigua abogada mercantil francesa que trabajó en algunos de los más prestigiosos bufetes anglosajones, conoce muy bien esta situación. Ella abandonó su profesión para fundar su propia agencia de traducción jurídica y, durante mucho tiempo, consideró que el fin de su carrera como abogada era una especie de fracaso personal. Pero al analizar cuidadosamente esta cuestión, se dio cuenta de que era posible ver las cosas desde otro punto de vista. Este es el tema central de su libro Merci mais non merci (“Gracias, pero no gracias”), publicado en febrero de 2021.

Para escribir su libro, Céline Alix entrevistó a decenas de mujeres con carreras de éxito (abogadas, asesoras, mánagers…) y acabó por darse cuenta de que las decisiones de estas mujeres, al igual que la suya de crear su propia empresa, no eran un fracaso, sino las bases para la creación de un mundo laboral diferente. De hecho, entre las mujeres entrevistadas la tendencia no era dejar de trabajar, sino crear empresas, trabajar como autónomas o unirse a compañías pequeñas a menudo dirigidas por otras mujeres que comparten sus mismos valores.

Merci mais non merci aborda los males del mundo laboral en las empresas tradicionales, en las que los códigos, la cultura y el poder han sido históricamente definidos por y para los hombres; en las que los juegos políticos, el presentismo, el individualismo y el estilo de gestión tóxico son moneda corriente y agotan a los empleados. Así pues, las mujeres que abandonan sus puestos no se han dado por vencidas, sino todo lo contrario: son pioneras que intentan redefinir el éxito profesional, de forma más ética y responsable, y reorganizar el trabajo para fomentar un mejor equilibrio entre vida profesional y personal.

“El recorrido de estas mujeres que lograron conquistar el éxito arroja luz sobre la constante negociación entre identidad profesional y personal en la que deben entrar todas las mujeres de todas los niveles sociales”. Céline Alix, ‘Merci mais non merci’.

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“Encajar en el molde” para acabar enfrentándose a un mundo laboral anticuado

En su libro, la autora habla de las mujeres que nacieron “entre dos olas feministas”, es decir, en los años 70 y más tarde, y explica que fueron alentadas por sus madres (quienes no siempre pudieron conciliar la familia y el éxito profesional) para formar parte de la revolución feminista y tener las exitosas carreras profesionales que sus antepasadas no pudieron tener. Las más privilegiadas estudiaron profesiones prestigiosas. Así pues, con el apoyo de sus padres, estas mujeres se orientaron hacia puestos que solo los hombres solían ocupar para convertirse en abogadas mercantiles, jefas de empresa, miembros de consejos de administración, etc.

“Las tres primeras olas feministas consistieron en dar a las mujeres aquellos derechos que los hombres ya tenían, pero de los que habían estado privadas hasta aquel entonces, y de este modo recuperar su retraso respecto a ellos”, afirma la autora. Es indiscutible que esta recuperación tuvo lugar en los años 90 y la primera década del 2000, en los que surgieron más mujeres que encarnaban el modelo de éxito en las organizaciones. Esto dio la (falsa) impresión de que el feminismo ya no era necesario, pues el progreso hacia la igualdad parecía imposible de detener.

Pero después sucedieron dos cosas: el progreso que parecía inevitable empezó a bajar de ritmo considerablemente y muchas mujeres con carreras maravillosas terminaron chocando con el “techo de cristal” o decidieron abandonar su carrera a medio camino. En las empresas, las mujeres que habían logrado el éxito afrontaban cada vez más dificultades debido a la brecha con la cultura sexista y las prácticas aún dominantes de antaño.

“La sociedad no se conformó con permitir que las mujeres de mi generación siguieran lidiando solas con las consecuencias domésticas y familiares de su entrada en el mercado laboral, sino que además continuó presionando cada vez más a las madres para que estas sintieran la obligación de ser ‘madres perfectas’”. Céline Alix, ‘Merci mais non merci’.

La “farsa” del presentismo y el sexismo cotidiano

¿Quién no ha experimentado una sensación de injusticia cuando llega la hora que marca el fin de la jornada laboral y, después de un día de trabajo eficaz e intensivo, desea marcharse para buscar a su hijo a la guardería y alguien le dice “vaya, ¿ya te marchas?” con tono de reproche? No es necesario tener hijos para sentirse irritado por este tipo de comentarios. Evidentemente, algunos prefieren llegar temprano a la oficina y consagrarse todo el día al trabajo para dedicar la tarde a una actividad más placentera, pero aún así corren el riesgo de que se les tilde de poco aplicados o poco comprometidos con su trabajo si no se quedan en la oficina hasta tarde y se muestran encantados de hacer horas extra.

Aunque cuando no es la farsa del presentismo la que perjudica la vida de las mujeres en el trabajo (aunque afortunadamente, la pandemia podría producir cambios significativos en este aspecto), son el sexismo cotidiano, los juegos políticos para ascender en la jerarquía o incluso el acoso los factores que pueden desalentar a las mujeres en su evolución profesional. Incluso si ya se han demostrado a sí mismas que son capaces de tener éxito en el mundo laboral, a la hora de hacer frente a este entorno negativo algunas de ellas prefieren responder con un: “Gracias, pero no gracias”.

¿Y si fuese posible crear un mundo laboral diferente?

Otra razón que explica el fenómeno del opting out de estas mujeres exitosas es que el mundo profesional ignora totalmente las áreas de la vida fuera del entorno profesional. Por ello, para Céline Alix, es necesario que nos hagamos algunas preguntas:

  • ¿Hasta qué punto es necesario dejar de lado las demás áreas de la vida (la parte familiar, personal y social) para lograr el éxito profesional?
  • ¿Podemos plantearnos otra forma de ejercer el poder en el trabajo, una que actúe en pro del interés colectivo y no solo de intereses individuales?
  • ¿Por qué no sería posible conciliar y mezclar los diferentes aspectos de nuestra vida, el profesional y el personal?
  • ¿Por qué las personas que ocupan puestos directivos en una empresa no podrían decidir libremente cómo gestionar su tiempo, siempre y cuando se comprometan a lograr los resultados deseados?

Para las mujeres entrevistadas, la alienación y la imposibilidad de gestionar su tiempo a su antojo han sido frecuentemente las razones que las han motivado a probar algo nuevo. Al crear su propia empresa o unirse a compañías o asociaciones creadas por mujeres que han vivido la misma situación, estas han “tomado la decisión de aliar el éxito con el equilibrio, la diversidad y la conciliación de las diferentes áreas de la vida”.

Estas mujeres también se proponen redefinir los conceptos de ambición y poder. “Me di cuenta de que las mujeres que entrevisté tenían una concepción de poder mucho más colectiva y centrada en los resultados que la que existe tradicionalmente en el mundo empresarial. Muchas me explicaron que no veían el interés de ejercer el poder solo para dominar a otra persona”, cuenta la autora. “Mientras no redefinamos el poder en lugar de buscar redefinir a las mujeres, no lograremos que estas accedan a él”. En este aspecto, la autora cita el trabajo de la historiadora estadounidense Mary Beard, para quien el poder debería definirse de la siguiente forma: “Considerar el poder de forma distinta significa separarlo del prestigio público; significa pensar de forma colaborativa, en el poder de los seguidores y no solo de los líderes. Significa, sobre todo, pensar en el poder como atributo o incluso como verbo (‘empoderar’), no como una propiedad”.

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