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No eres tú, son los robots: así cambiará el empleo con la automatización

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Según la última Encuesta de Percepción de la Ciencia, el 20% de los españoles considera que en 15 años una IA o un robot podría sustituirles en su trabajo. Y es que el mundo del empleo está cambiando. El uso de robots dotados de inteligencia artificial está transformando a un ritmo vertiginoso muchas de las tareas desempeñadas hasta ahora por seres humanos. Esta automatización está provocando que desaparezcan muchos puestos de trabajo, por lo que los profesionales deberán adaptarse a esta nueva realidad lo más rápido e inteligentemente posible.

El periodista argentino Andrés Oppenheimer, ganador del Premio Pulitzer y editor para América Latina en The Miami Herald, ha dedicado varios años a intentar comprender este fenómeno en crecimiento, para permitir que sus lectores puedan inspirarse y buscar alternativas a una realidad cargada de incertidumbre, aunque también de oportunidades. “¿Qué deberíamos hacer nosotros para prepararnos para el tsunami de automatización laboral que viene?”, se pregunta el autor.

En su último trabajo Sálvese quien pueda, Oppenheimer aborda algunas preguntas clave: ¿Cómo será el trabajo del futuro con la irrupción de la robótica en nuestras vidas? ¿Para quiénes será más fácil adaptarse a este nuevo contexto? ¿Pueden sustituir las máquinas el talento humano? Porque si bien la aparición de Internet, los hologramas y las bases de datos no son recientes, su aplicación al mundo laboral ha sido tan rápida que a la mayoría nos ha pillado desprevenidos. Sin embargo, a pesar de la complejidad de la situación, Oppenheimer no es apocalíptico y muestra señas de que al final del túnel sigue habiendo luz: “La historia reciente nos demuestra que el escepticismo es una mala guía para vaticinar el futuro”.

Los empleos más afectados

Oppenheimer ha recorrido Japón, Estados Unidos, Israel, Corea del Sur y varios países de Europa y América Latina, en busca de respuestas a una pregunta incómoda y misteriosa: ¿nos quitarán las máquinas nuestros trabajos? El punto de partida es Oxford, donde Oppenheimer conoce a dos investigadores, Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, autores de un algoritmo con el que clasificar los empleos según su riesgo de desaparecer a corto plazo. Según ellos, la automatización –que aumenta la productividad y reduce costes a las empresas– eliminará en quince años el 47% de los empleos actuales.

La automatización eliminará en quince años el 47% de los empleos actuales.

Muchos de ellos se encontrarán en las industrias manufactureras, que serán las primeras en sucumbir ante la rapidez, la productividad y las pocas quejas que plantean las máquinas, cada vez más baratas, a los consejos de administración. Pero no serán los únicos. En la lista de los empleos que más cambios van a sufrir en los próximos años aparecen profesiones como:

  • Traductores
  • Médicos
  • Periodistas
  • Recepcionistas
  • Banqueros
  • Cajeros en comercios
  • Conductores
  • Transportistas

Los coches circularán solos, aplicaciones como DeepL sustituirán a los traductores (a pesar de que siempre será necesaria una persona que revise la traducción final), las máquinas reemplazarán a las personas que cobran la compra en el supermercado (si las compras online en plataformas como Amazon no acaban antes con todos los supermercados) y los platós de televisión dejarán de tener varias personas físicas grabando para quedarse con una al mando de un par de cámaras robotizadas.

Esto no quiere decir que vayan a desaparecer por completo, pero muchas de sus tareas pasarán a ser realizadas por robots. “El fenómeno no es nuevo, pero nunca antes se había dado de forma tan acelerada”, cuenta Oppenheimer. Según él, lo verdaderamente preocupante es que los trabajadores serán reemplazados por máquinas en tan poco tiempo que no tendrán margen suficiente para reinventarse, aprender y adherirse a otro sector. Y es ahí donde nace la inquietud social.

Nuevos trabajos, nuevas oportunidades

Frente a esta tormenta de cambios, sin embargo, Oppenheimer defiende que la tecnología también puede abrir el camino a otra serie de puestos de trabajo que hasta hace pocos años eran impensables, como lo son hoy los relacionados con la venta online, la fotografía digital, la programación o las nuevas figuras emergentes: los influencers.

Oppenheimer emplea algunos ejemplos que al principio fueron vistos con incredulidad pero que ahora gozan de gran reconocimiento social. “Kodak, un icono de la industria fotográfica que tenía 140.000 empleados fue empujada a la bancarrota en 2012 por una empresita de apenas 13 que supo anticiparse a la fotografía digital: Instagram. (…) También los 60.000 trabajadores de Blockbuster fueron sustituidos por Netflix, que en sus inicios contaba con 30 trabajadores entusiasmados con una idea simple y económica, pero que ahora es revolucionaria”.

La tecnología puede abrir el camino a otra serie de puestos de trabajo que hasta hace pocos años eran impensables.

Los coches circularán solos, aplicaciones como DeepL sustituirán a los traductores (a pesar de que siempre será necesaria una persona que revise la traducción final), las máquinas reemplazarán a las personas que cobran la compra en el supermercado (si las compras online en plataformas como Amazon no acaban antes con todos los supermercados) y los platós de televisión dejarán de tener varias personas físicas grabando para quedarse con una al mando de un par de cámaras robotizadas.

Esto no quiere decir que vayan a desaparecer por completo, pero muchas de sus tareas pasarán a ser realizadas por robots. “El fenómeno no es nuevo, pero nunca antes se había dado de forma tan acelerada”, cuenta Oppenheimer. Según él, lo verdaderamente preocupante es que los trabajadores serán reemplazados por máquinas en tan poco tiempo que no tendrán margen suficiente para reinventarse, aprender y adherirse a otro sector. Y es ahí donde nace la inquietud social.

Nuevos trabajos, nuevas oportunidades

Frente a esta tormenta de cambios, sin embargo, Oppenheimer defiende que la tecnología también puede abrir el camino a otra serie de puestos de trabajo que hasta hace pocos años eran impensables, como lo son hoy los relacionados con la venta online, la fotografía digital, la programación o las nuevas figuras emergentes: los influencers.

Oppenheimer emplea algunos ejemplos que al principio fueron vistos con incredulidad pero que ahora gozan de gran reconocimiento social. “Kodak, un icono de la industria fotográfica que tenía 140.000 empleados fue empujada a la bancarrota en 2012 por una empresita de apenas 13 que supo anticiparse a la fotografía digital: Instagram. (…) También los 60.000 trabajadores de Blockbuster fueron sustituidos por Netflix, que en sus inicios contaba con 30 trabajadores entusiasmados con una idea simple y económica, pero que ahora es revolucionaria”.

La tecnología puede abrir el camino a otra serie de puestos de trabajo que hasta hace pocos años eran impensables.

A priori, el panorama despierta muchos recelos, pero para los “tecnooptimistas”, todos estos cambios mejorarán el mercado laboral, ya que evitarán que tengamos que trabajar en tareas aburridas y dejarán el camino libre a nuevos trabajos que aún están por llegar.

Oppenheimer cita uno de los ejemplos en los que siempre se apoyan los más positivos: el de los cajeros automáticos. Su irrupción en la década de los 80 creó alarma entre los trabajadores de las sucursales bancarias, temerosos de perder sus trabajos. Pero lo que ocurrió fue que los cajeros humanos “pasaron a realizar otras labores más sofisticadas, como ofrecer préstamos e hipotecas, lo que permitió que los bancos ampliaran su negocio”.

La importancia de la educación

Entre las claves de los trabajos del futuro, el autor apunta al uso de las matemáticas, la robótica y la programación. “Los datos serán el producto más valioso en los próximos años y quienes se dediquen a la exploración y análisis de este petróleo del siglo XXI tendrán trabajo asegurado”, cuenta Oppenheimer.

Es por ello que uno de los problemas más importantes para el autor es la desigualdad que se creará como consecuencia de la automatización ya que serán los trabajadores con más estudios quienes estarán mejor preparados para adaptarse a los cambios y trabajar en los nuevos empleos que se crearán: “Será difícil que un trabajador manufacturero que no ha terminado el bachillerato pueda reinventarse como analista de datos, mientras que un ingeniero o un físico no tendrán problemas en hacer la transición a otros trabajos que requieran creatividad, razonamiento abstracto y pensamiento crítico”, sostiene.

Esto provocará “un aumento de la brecha social entre quienes tengan una sólida formación académica y quienes no la tengan”, sostiene. De ahí que defienda la educación como el secreto de la supervivencia laboral y de la prosperidad individual. Para él, se crearán tres grupos:

  • una élite capaz de adaptarse a los cambios, que será cada vez será más rica.
  • un segundo grupo que prestará servicios a esta élite (pone como ejemplo a los profesores de zumba, uno de los trabajos que más han crecido en los últimos cinco años).
  • un tercer grupo de desempleados cada vez más desfavorecidos que podrían recibir un ingreso universal básico.

El futuro del empleo

¿Significa esto que deberemos adaptar la elección de nuestra carrera profesional a la posible automatización de los empleos? Oppenheimer opina que no: “Si un joven o una joven tiene la fortuna de tener una pasión, debe seguirla. Porque haga lo que haga, si le gusta lo que hace, lo hará con mayor dedicación y empeño” y siempre le será más fácil adaptarse a los cambios que lleguen o incorporar la tecnología como valor añadido. Pero si eres de los que aún no tiene una pasión definida o todavía no has dado con ella, siempre puedes echarle un ojo a las diez áreas en las que Oppenheimer vaticina un mejor futuro profesional:

  • Asesores de ventas
  • Encargados de mantenimiento y programadores de robots
  • Asistentes de salud
  • Analistas e ingenieros de datos y programadores
  • Policías digitales
  • Profesores y maestros
  • Especialistas en energías alternativas
  • Artistas, deportistas y creadores de entretenimiento
  • Creadores y diseñadores de contenidos comerciales
  • Consejeros espirituales

Es cierto que algunos trabajos desaparecerán, pero la mayoría se transformarán, lo que nos obligará a actualizarnos y reinventarnos si no queremos quedarnos atrás. Como dice Oppenheimer, “el futuro es esperanzador, pero la transición será cruel”. En nuestras manos queda la “salvación” y la creatividad necesaria para “crear cuanto antes los remedios educativos y sociales para evitar que el desempleo provocado por la automatización se convierta en un terremoto social a largo plazo”.

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