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He escuchado muchas veces que gracias al e-commerce muchos retailers han podido sobrevivir durante el 2020, el año de la Gran Reclusión como ha bautizado el Fondo Monetario Internacional (FMI) debido a la crisis provocada por el coronavirus SARS-CoV2. Estado de alarma, restricciones a la movilidad y confinamiento han sido algunas de las consecuencias con las que hemos tenido que convivir debido a la pandemia, amén de las miles de vidas que se han perdido en este período y que aún arrojan cifras demoledoras.

Ante esta terrible realidad,  gran parte de los negocios han visto mermados sus ingresos hasta tal punto que son muchos los que han cerrado sus puertas, incluso de manera indefinida o definitiva. Otros han visto en el e-commerce una tabla de salvación para mantenerse abiertos. Cabe, pues, preguntarse ¿Cuál ha sido el impacto real del e-commerce desde el inicio de la pandemia?

La respuesta varía en función del sector económico y productivo. Si el área de actividad es del sector alimentación, venta electrodomésticos, moda o plataformas de streaming, el impacto ha sido positivo. En el lado opuesto, otras actividades han sido negativamente afectadas, como viajes/estancias y el ocio/entretenimiento, de acuerdo con el informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre el comercio electrónico correspondiente al segundo trimestre de 2020.

El comercio electrónico creció tan solo un 0,2% en este segundo trimestre respecto al mismo período del 2019, pero muestra una caída frente a los tres trimestres precedentes. De hecho, frena en seco un crecimiento trimestral sostenido de entre el 25% y el 30% en los últimos seis años. Esto contradice de manera frontal la creencia que el e-commerce creció durante los peores momentos del confinamiento impuesto por la pandemia. 

En los seis primeros meses de 2020 también se ha producido una caída cercana al 60% en las compras online que se realizan a empresas españolas desde el exterior, al contrario de lo que ocurre con las importaciones, lo cual redunda en un deterioro de la balanza comercial.

¿Por qué hablamos entonces del positivo impacto del e-commerce durante la pandemia? 

Un aspecto que merece la pena destacar es el número de transacciones, que ha crecido hasta los 244 millones en el segundo trimestre de 2020, lo cual representa un aumento del 15% frente al período anterior y rompe la tendencia a la baja que veníamos observando en los últimos nueve meses. 

Nuevos usuarios han empezado a realizar compras online durante los primeros meses del confinamiento. De hecho, se calcula que un 36% de los consumidores que compraron online lo hicieron por primera vez durante la pandemia, según el estudio “Covid-19: Estudio Pulse sobre el shopper y el sector retail” publicado por la agencia Momentum. Adicionalmente,  el 51% de los compradores online habituales aumentó la frecuencia de compra durante el confinamiento según el “Estudio eCommerce 2020” publicado por iAB.

El sector más afectado por la Covid-19 ha sido el turismo, con un descenso que llega hasta el 84%. El sector del ocio y entretenimiento está indirectamente afectado por este hecho, ya que muchos de los turistas son consumidores de cultura (entradas museos, espectáculos en vivo, conciertos, exposiciones, etc.).

El informe titulado “Reconstruyendo Europa: la economía cultural y creativa antes y después de la covid-19”, realizado por la consultora Ernst&Young, indica que el sector de la cultura a nivel europeo se ha visto afectado de manera muy desigual en función del tipo de arte. Así, las artes escénicas (teatro, danza y ópera) presentan 90% de pérdidas; las artes musicales, 76%; y las visuales, pérdidas de entre 20% y 40%. En su conjunto a nivel europeo, las pérdidas rozan los 200.000 millones de euros.

En nuestro caso particular de entradas.com, marketplace dirigido al ocio y entretenimiento en vivo, la crisis del coronavirus se ha traducido en una caída muy intensa de los ingresos. Para paliar esta situación, son varias las iniciativas que hemos desarrollado como por ejemplo,

  • Bloqueo automático de butacas entre compra y compra para respetar la distancia social.
  • Espectáculos mixtos, en vivo y también en streaming para compensar la reducción de aforo. 
  • Espectáculos estrictamente online para las ciudades y pueblos que han estado confinados y querían seguir disfrutando de conciertos y espectáculos. 
  • Tarjetas Regalo, para que se siga apoyando la cultura permitiendo a los promotores tener un ingreso ahora y poder seguir haciendo obras de teatro, conciertos, musicales, etc. después.
  • Control de asistentes y datos de contacto de los mismos para utilizar sólo en caso de contagio (checkIn) que permite a los promotores tener mayores aforos en los eventos.

A pesar del esfuerzo y la creatividad desarrollada, estas iniciativas no compensan la dramática caída en todas las áreas que engloba la cultura en general.

La llegada de la vacuna aporta un horizonte de esperanza al sector de la cultura. Pero hasta que alcancemos la inmunidad de rebaño, el sector debe encontrar la forma de sobrevivir, así como de avanzar en una transformación con diversas iniciativas que hasta el momento se ha mostrado insuficiente. Si bien es cierto, en nuestro caso, que el e-commerce no es la solución per se para aliviar las pérdidas, nos toca replantearnos nuestra estrategia digital para ofrecer nuevas y mejores experiencias y así atraer tanto a los consumidores tradicionales de ocio y cultura como a los nuevos compradores online que hayan probado la experiencia y deciden seguir usando el e-commerce.

Una vez la pandemia remita, muchos de esos nuevos usuarios seguirán comprando online y el volumen del comercio mantendrá su trayectoria de crecimiento por encima del comercio off line. Es un buen momento para seguir apostando por la digitalización y estar más preparados ante estos nuevos consumidores más digitales y exigentes si cabe.  Mi consejo para estos tiempos es invertir en tecnología y en formación de los equipos para afrontar los nuevos retos que nos dejará la era post COVID.

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