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Adaptar el horario de trabajo, ¿la clave para combatir la “depresión invernal”?

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¿Sientes que en este comienzo de año los días son eternos y tienes la moral por los suelos? De ser así, es muy probable que te encuentres entre el 1 y el 10% de la población española a la que le afecta que los días sean más cortos y que, tras acabar la jornada laboral, apenas haya luz solar. Aunque sentirse un poco decaído en función de la estación no es nada fuera de lo normal, es importante no minimizar las consecuencias que esto puede tener en el buen funcionamiento del organismo. También debemos prestar atención a cómo afecta a nuestra actividad profesional, la cual requiere una energía que quizás no tengamos en este período. Así pues, ¿cómo podemos ajustar nuestro reloj biológico al de la naturaleza? ¿Es recomendable bajar el ritmo en invierno? Claire Leconte, investigadora de cronobiología, y Laurence Albertini, naturópata, nos cuentan todo lo que necesitamos saber sobre este mal que tanto subestimamos.

¿Qué es el “blues invernal”?

La depresión estacional, también conocida como el “blues invernal”, es un trastorno afectivo que va y viene con las estaciones. En concreto, se trata de la tendencia a sentir una gran fatiga y desánimo como consecuencia de la falta de luz solar durante los meses de invierno. Aunque este cansancio repentino no parece tan grave a primera vista, puede afectar significativamente a nuestro organismo. “La luz natural prepara la melatonina que se conoce como la hormona del sueño, para que ésta pueda sintetizar de forma adecuada durante la noche para dormir bien”, explica Claire Leconte, investigadora de cronobiología. “Por lo tanto, la falta de luz puede causar trastornos del sueño, así como contribuir al aumento de la fatiga y tener una influencia más o menos considerable en nuestro estado de ánimo”.

Los daños colaterales del invierno en el organismo no solo afectan a nuestro humor, sino también nuestras defensas: generalmente, somos más vulnerables a los virus durante esta estación. Así pues, se trata de un período difícil de afrontar para muchas personas, sobre todo para aquellas que estudian o trabajan.

Un gran desfase entre el reloj biológico y el social

Las personas que más tienden a deprimirse son los empleados que llegan a la oficina por la mañana, cuando aún no ha amanecido, y se marchan cuando ya es de noche. ¿Por qué? En este caso, el desfase entre el reloj social y el biológico aumenta porque en invierno no contamos con la energía necesaria para cumplir con nuestras obligaciones profesionales 40 horas a la semana. Por esta razón, el absentismo aumenta durante este período y los empleados son menos eficaces. Si bien no es poco común tener un ritmo invernal más lento, el ritmo social impuesto en la actualidad parece ser más problemático. Esto se debe parcialmente a que el lado primitivo de las personas se hace sentir más en invierno: la temperatura corporal disminuye y el cuerpo necesita más descanso que durante el verano. Aunque los seres humanos no hibernan como las marmotas, los lirones o los erizos, su ritmo se desacelera considerablemente. Todos podemos sentir los efectos de la somnolencia que gana terreno en nuestro cuerpo a medida que hace más frío. Esta es la forma en que almacenamos la energía que se hace más escasa en invierno por la falta de luz.

El problema es que la sociedad ignora deliberadamente los cambios de estación y todas sus implicaciones, como si solo se tratara de la decoración insignificante de nuestro día a día. “En invierno, la naturaleza entra en reposo, los animales y las plantas también, pero los seres humanos somos los únicos que deseamos mantener el mismo ritmo y salud desde el uno de enero hasta el 31 de diciembre”, observa Laurence Albertini, naturópata. Aunque no necesitamos hibernar, podríamos ajustar nuestro modo de funcionar y modificar nuestro ritmo de trabajo. “Nos autodiagnosticamos depresión cuando en realidad deberíamos reorganizar el tiempo que le dedicamos al trabajo”, afirma Laurence. “Es impresionante ver la cantidad de personas que dicen sentirse decaídas o deprimidas en invierno y que podrían sentirse mucho mejor si simplemente disminuyeran el ritmo o se organizaran de forma diferente en esta época”, añade.

Así pues, tomemos un momento para imaginar cómo podría ser la vida si nos ajustáramos al ritmo del sol, comenzando nuestras actividades al amanecer y terminándolas al anochecer. Esto significaría que trabajaríamos menos horas durante los meses de invierno, pero el ritmo se equilibraría cuando en verano recuperásemos el tiempo perdido. Tener jornadas más largas cuando las estaciones lo permiten resulta más lógico, pues la luz es más abundante y el cuerpo se alimenta de esta riqueza energética para tener más vitalidad. Quizás esta idea parezca absurda, sobre todo porque nuestro mundo siempre ha funcionado como si los seres humanos pudieran controlarlo todo, incluso a expensas de su propio entorno y ritmo natural. Pero, ¿qué podría ser más lógico que adaptarse al ritmo de las estaciones?

¿Cuáles son las ventajas de una jornada de trabajo más corta en invierno?

Trabajar menos en invierno podría favorecer el bienestar y permitiría:

Aprovechar la luz del sol

Sin duda alguna, la mejor solución para la depresión estacional es recibir más luz natural. En invierno, cuando los días son más cortos, pocas personas pueden disfrutar del aire libre. Así pues, trabajar durante menos horas te permitiría tener más tiempo para salir a tomar el aire y disfrutar de la luz con el fin de recibir la dosis de vitamina D que necesitas. “Media hora de luz natural es suficiente para sentir un efecto positivo en el estado de ánimo, mejorar la calidad del descanso y, en consecuencia, insuflar una sensación de bienestar”, precisa Claire. Así que aprovecha la luz del sol tanto como puedas.

Dormir bien

La somnolencia invernal es una señal de que necesitas descansar más. Y menos horas de trabajo equivalen a más horas de sueño. Además, dormir bien es una fuente de regeneración infinita para nuestro organismo, por lo que debería ser una de nuestras prioridades en invierno. Asimismo, reducir el tiempo de trabajo nos permitiría recibir una dosis de luz que aumentaría la secreción de la hormona del sueño, lo que a su vez garantizaría “un descanso de mejor calidad para luchar contra el debilitamiento del sistema inmunitario”, añade Laurence.

Concentrarse mejor

“La falta de sueño y los problemas para dormir perjudican la capacidad para gestionar el estrés”, destaca Laurence. Descansar y recibir una cantidad suficiente de luz natural durante el día ayudaría a mejorar la capacidad cognitiva de las personas. Por lo tanto, reducir el número de horas de trabajo favorecería la concentración, pues podríamos centrarnos en las prioridades en lugar de intentar rendir durante diez horas seguidas.

Dejarse llevar sin sentirse culpable

La lucha de nuestro cuerpo contra el invierno es el resultado de una norma social. Ser productivos los 365 días del año es un valor inculcado al que se le ha dado mucha importancia, mientras que la actitud contraria se suele percibir como holgazanería. Sin embargo, nuestro cuerpo se ve obligado a disminuir su gasto de energía durante algunas semanas al año. Por lo tanto, reducir el tiempo de trabajo nos permitiría aceptar nuestro ritmo natural, para que la mente y el cuerpo estén en sintonía y no nos agotemos el doble. Esto también nos ahorraría frustraciones y disminuiría el riesgo de sufrir una depresión.

Esta ambivalencia entre nuestro ritmo natural y el ritmo artificial que la sociedad impone causa un profundo malestar a muchas personas todos los años. Disminuir la productividad en invierno para aumentarla en verano podría ser una solución para este desfase que tanto altera nuestro estado de ánimo. Así pues, ¿por qué no adaptar el trabajo a un ritmo de vida más coherente y, a largo plazo, mil veces más tranquilo? Una cuestión sobre la cual vale la pena reflexionar.

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